sábado, 28 de abril de 2018

Los retenes son Legales , en Mexico ??

viernes, 27 de abril de 2018

Los retenes son Legales , en Mexico ??

martes, 7 de noviembre de 2017

Sobre “El derecho de armarse”

El gobierno nos dice: “Ármate, pues, pero sólo ten armas en tu casa, y no las uses”; “úsalas pero sólo para defenderte”; “defiéndete, pero no lastimes a nadie”; “si lastimas a alguien, que sea en legítima defensa”; “haz uso de la legítima defensa, pero no te juntes con otros para ejercer ese derecho”; “júntate con otros, pero no se te ocurra llamarte ‘autodefensa’”; “llámate ‘autodefensa’, pero mejor conviértete en policía”, y nunca, bajo ninguna circunstancia, critiques o cuestiones la efectividad del Estado para cuidarte.



La lectura del más reciente libro de Ernesto Villanueva amerita que hagamos una precisión respecto de la obra: El derecho de armarse (Ediciones Proceso) no propone el uso de armas de fuego, no sugiere que arreglemos nuestras diferencias a balazos ni hace una apología de la violencia. Es un estudio serio, jurídico en primer término, además de histórico y sociológico, con sólidas bases estadísticas y documentales, en relación con el derecho (constitucionalmente perpetuado) de poseer y/o portar armas.
El doctor Villanueva, en primer lugar, coloca en la debida perspectiva el tema: se trata de algo que está en la Constitución federal, ese documento del que muchos hablan pero pocos han leído. El artículo 10 de nuestra Carta fundamental consagra un derecho humano:
“Los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos tienen derecho a poseer armas en su domicilio, para su seguridad y legítima defensa, con excepción de las prohibidas por la Ley Federal y de las reservadas para el uso exclusivo del Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional… La ley federal determinará los casos, condiciones, requisitos y lugares en que se podrá autorizar a los habitantes la portación de armas.”
La idea de regular la posesión y portación de armas es añeja, casi siempre influida por el temor del Estado a perder su estabilidad. El primero y quizás único intento serio de analizar el asunto se produce, nos lo explica Villanueva, cuando los liberales del siglo XIX dan forma a la nación mexicana en la Constitución de 1857, cuya esencia, en este tema en particular, sigue siendo la misma hoy en día.
Villanueva recurre a lo que consignó Zarco en su Historia del Congreso. 1856-1857 para explicarnos que el –hasta ahora– único debate serio al respecto tuvo como protagonistas a aquellos liberales que hablaron, frontalmente, de todo: de la pacificación del país, del derecho de cada uno de defenderse a sí mismo, de la delincuencia (porque, sí, ya había delincuencia en ese siglo), y lo mismo hablaron de puñales que de dagas, espadas, sables, trabucos, tranchetes, verdugillos, rifles, pistolas, escopetas de viento, piedras, rea­tas, culebrinas, alabardas, tijeras, corta-plumas, navajas, estiletes, “y cuanto ha inventado la industria humana para destruir a los hombres o para defenderlos”, uñas y dientes incluidos.
Lo hablaron, lo debatieron, no eludieron el tema. Los constituyentes de 1917, de origen revolucionario y que venían de una lucha armada, sin mayor debate definieron que el “derecho” de poseer y portar armas debía ser el de “libertad”, que había armas que debían reservarse para el Ejército, la Armada y la Guardia Nacional, y condicionaba el derecho a portarlas en poblaciones a la sujeción a los reglamentos de policía.
Hasta 1971 se reabre el debate, y esa “libertad” vuelve a ser “derecho”, se amplía el espectro de armas prohibidas y se determina que será la ley federal la que autorice la portación. En resumen: después de 1857 poco se ha discutido el asunto de las armas, precisa Villanueva.
Para el autor, el tema debe reabrirse y debatirse, por supuesto porque hay inseguridad pública, porque hay una percepción de los ciudadanos de que ese es el principal problema de México; porque los ciudadanos no nos sentimos seguros y poco (muy poco) se confía en el Estado como proveedor de seguridad; porque, se admita o no, hay armas que circulan y, generalmente, las tienen quienes no deben tenerlas.
Debe debatirse de frente a la sociedad, porque también hay mitos y desinformación. Debe debatirse porque el Estado ha procurado que haya disposiciones legales y paradigmas sociales que se encuentran en oposición. Me explico:
Vivimos en un Estado en el que el gobierno nos dice: “Tienes derecho de poseer y/o portar armas (está en la Constitución), pero mejor no las tengas”. Para ello, dificulta el ejercicio de esa prerrogativa y la coloca en el ámbito de una discrecionalidad en la que él decide quién sí debe tener un arma y quién no, con reglas poco claras.
El gobierno nos dice: “Ármate, pues, pero sólo ten armas en tu casa, y no las uses”; “úsalas pero sólo para defenderte”; “defiéndete, pero no lastimes a nadie”; “si lastimas a alguien, que sea en legítima defensa”; “haz uso de la legítima defensa, pero no te juntes con otros para ejercer ese derecho”; “júntate con otros, pero no se te ocurra llamarte ‘autodefensa’”; “llámate ‘autodefensa’, pero mejor conviértete en policía”, y nunca, bajo ninguna circunstancia, critiques o cuestiones la efectividad del Estado para cuidarte.
En el trasfondo del tema (es perogrullada decirlo) subyace la vocación autoritaria del Estado, salpicada de la paranoia golpista que a finales de los sesenta y principios de los setenta definió muchas políticas estatales.
En 1971 se modificó el Artículo 10 de la Constitución, y en el 72 se promulgó la Ley Federal reglamentaria, y el Estado nos dijo que era necesario abatir (uso el término que se empleó hace casi medio siglo) el “pistolerismo”. Desde entonces se nos ha dicho ad nauseam que tener armas es malo; “te dejaré tener sólo pistolitas”, nos dijo el gobierno.
Influenciada, la sociedad no ve con buenos ojos las armas. Piensa en las masacres perpetradas por personas desequilibradas en Estados Unidos (con quienes tenemos claras diferencias culturales), y cuando sopesa el alcance del derecho de poseer o portas armas, como nadie se juzga a sí mismo imprudente o insensato, al ciudadano lo invade un sentimiento de otredad: yo debo tener ese derecho, aunque no lo ejerza; el otro, no. Juzgamos que el otro quizás me quiera dañar, o sea tan torpe que se lastime él o me lastime (incluso sin querer). Hay otra regla en oposición que emana del Estado: nos fuerza (al menos a los varones) a hacer el Servicio Militar, pero no nos adiestra en el manejo de armas.
Villanueva claramente admite: “poseer y/o portar armas no es la solución total al problema de la inseguridad… podría ser un comienzo, veamos las estadísticas. Debatamos”. La misma sociedad que no cree conveniente la posesión y/o portación de armas se encendió cuando José Manuel Mireles, líder de las autodefensas de Michoacán, fue encarcelado. Y ese, el tema Mireles, versaba sobre el punto: tener o no armas para defenderse.
Cerraría con esta reflexión: Pensemos en una víctima mortal de un delito, la que sea (todos, infortunadamente, conocemos a una o hemos sabido de una); pensemos en lo que le pasó, cómo le pasó; en dónde se hallaba el Estado que se comprometió a cuidar a esa víctima; si esa víctima pudo o no hacer algo para preservar su integridad, su patrimonio, su vida… si tuvo una oportunidad. Y respondámonos en silencio: “Si yo le hubiese podido dar un arma para que se defendiera, ¿se la hubiese dado?”  l
1 Alocución expuesta durante la presentación del libro El derecho de armarse. Lo que todo mexicano debe saber sobre la posesión y portación legales de armas de fuego, de Ernesto Villanueva, realizada en el Casino Xalapeño de la capital veracruzana el 28 de septiembre último.


Fuente :

http://www.proceso.com.mx/507458/sobre-el-derecho-de-armarse

domingo, 11 de diciembre de 2016

La militarización de la lucha antinarcono brindó más seguridad : ONU


El día de antier el General Cienfuegos admite que no están preparados para combatir el delito y que los soldados "ya la están pensando" antes de intervenir porque saben que pueden ser sujetos a proceso penal por violaciones a derechos humanos

Ayer el representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México, Jan Jarab, afirmó que "si algo hemos aprendido en estos diez años de la militarización de la lucha contra el crimen organizado en México, es que una forma de ilegalidad por parte de la delincuencia no se supera permitiendo la ilegalidad por parte del Estado, porque ocurre que se normalizan las cosas que nunca deben normalizarse: la tortura y la desaparición..."


"...hemos visto en lo últimos diez años que la militarización del combate a la delincuencia, no trajo mayor seguridad, pero si trajo muchas más violaciones a los derechos humanos, desapariciones, tortura, ejecuciones extrajudiciales..."

Después de las declaraciones de ambos funcionarios, ¿de quien más necesita el gobierno mexicano que le digan que el ejército debe dejar de hacer tareas de seguridad pública y regresar a sus cuarteles?, ¿hasta que nivel de desgaste institucional de las fuerzas armadas están dispuestos a llegar sin obtener resultado alguno?, ¿porqué no se presiona a los gobiernos municipales y estatales para que fortalezcan verdaderamente a sus policías?

Y lo más preocupante de todo es que por lo visto, su "estrategia de seguridad" seguirá por lo menos hasta el 2018...



lunes, 28 de noviembre de 2016

CURSO DE POLÍTICA CRIMINAL PDF



BY Emiliano Borja Jiménez




La asignatura Política Criminal se impartía por primera vez en la Universidad de Valencia en el curso académico 1999/2000, dentro de la Titulación de Graduado en Criminología, título propio que dependía institucionalmente de la Facultad de Derecho. Meses antes del inicio de este módulo, nos reuníamos, de una parte, el Prof. Dr. D. Juan Carlos Carbonell Matéu, Catedrático de Derecho Penal de esta Universidad (quien me concedió el gran honor de prologar la primera edición de esta obra), y de otra parte, el autor de la misma, con la finalidad de elaborar el programa marco de esta disciplina. Recuerdo perfectamente que nuestras ideas sobre su contenido y desarrollo coincidieron desde el primer momento, y en una sola tarde elaboramos el esquema que sería utilizado como programa docente del módulo Política Criminal. Ambos teníamos la intención de impartir conjuntamente las clases, pues la tarea de conformar día a día “la materia base” nos parecía realmente sugestiva.

Sin embargo, las obligaciones derivadas del cargo de Decano de la Facultad de Derecho de mi compañero, impidieron que se pudiese llevar a cabo nuestra idea de la docencia compartida de la asignatura, de tal modo que decidí tomar yo la responsabilidad de impartirla de forma exclusiva, siguiendo el programa que ambos habíamos elaborado, y que había sido aprobado oficialmente por las correspondientes instancias académicas.





Les dejo el libro en este Link

https://drive.google.com/file/d/0B0SGPLQICCoQb05jaGota0x5R0k/view?usp=sharing



Saludos a todos 

Julio César Contreras de León
Licenciado en Seguridad Publica 


martes, 25 de octubre de 2016

Las 7 respuestas que nunca debes dar a un policía en México


Desde preguntar hacia donde te diriges, tu profesión o indicarte que abras tu cajuela, son preguntas que no debes responder (si no quieres)






Nunca está de más esta información.

Al salir a carretera de vacaciones o de fin de semana, es común encontrar en las principales vías de México, retenes y operativos para cuidar la seguridad de los automovilistas. Sin embargo, debes saber que existen ciertas preguntan que nunca debes responderle a un policía.

7 preguntas que no estás obligado a responder a un policía, ya que la función principal de un policía es preventiva o reactiva, y estas preguntan se orientan a una función de investigador o cuestionamientos que no son parte de sus atribuciones. antes de seguir quizá quieras saber qué debes hacer si te detiene la policía federal en carretera. 

Desde preguntar hacia donde te diriges, tu profesión o indicarte que abras tu cajuela, son preguntas que no debes responder (si no quieres). Mira en esta galería las demás preguntas que no debes contestarle a un policía en México. 

Pedirte que te bajes del coche. No estás obligado a descender del auto y el agente no puede exigirte que lo hagas, si tu infracción no es grave. Recuerda TU AUTO es una extensión de TU CASA por lo que no pueden detenerte o forzarte a salir sin la orden de un Juez.

No des información personal. Como mexicano tienes el derecho de transitar libremente en territorio nacional, es decir, que ningún policía o agente de tránsito puede solicitarte información personal como tu nombre, edad o dirección.

Tu lugar de destino o de origen. Al transitar en carretera y ser detenido por un policía, es muy común que te cuestione tu lugar de origen o hacia donde te diriges. Este cuestionamiento no tiene la más mínima razón de ser y evidentemente no tiene un motivo fundado para contestarlo. 

Si andas tomado o drogado. Normalmente para amedrentar o intimidar, un policía busca hacerte cualquier pregunta cómo sí andas tomado, drogado o en posesión de armas de fuego. Bien dice el dicho “él que nada debe nada teme”, sólo basta con negarlo tranquilamente.

Cuál es tu oficio o profesión. No sólo es una muestra de invasión a la privacidad, sino que no tienes la obligación de responderla. Sin embargo, en la mayoría de los casos es utilizada por los policías para intimidar o ponerte en una situación de estrés. 

Quieren revisar tu cajuela. Es como la típica pregunta de película de terror, saber que traes en la cajuela. Sin embargo, tiene una doble intensión; hacer que te bajes del coche y seas revisado y revisar lo que guardes en tu cajuela. Esta no sólo es una pregunta que debes evitar y actuar, ya que nadie puede invadir tu coche si no lo permites. 

Preguntas personales. Un policía no tiene el mínimo derecho de hacer preguntas personales como estado civil, tu preferencia sexual y en caso de las mujeres, su situación sentimental. ¿Tiene novio señorita?, es una frase que pueden escuchar de aquellos policías con complejos de galán. Recuerda, tienes el derecho de no contestar esas preguntas incomodas.